Kata Ryufa I (Introducción) por Mario Ojeda
La responsabilidad de cuidarse.
Alertas, pre emergencias y otras suciedades.
Suspensión de la clase especial y de la clases de la mañana
Condolencias a Jorge Castellanos
Relato II ¿Quién le saca el collar al tigre?
Nuevos grados, cumpleaños y otras yerbas.
Felicitaciones a Francesca y Eduardo
Ukemi, Primer Seminario Intensivo Abierto
El regreso de los antiguos karatekas
Cuidándonos en el entrenamiento
Sábado y domingo en Reñaca Alto, construyendo una pequeña casa de tres por seis para una familia de cinco personas. Un camino infernal, en subida, de tierra, con curvas cerradas. Llegando arriba en una curva el primer percance. El vehículo resbala en una poza de blando barro. Imposible subir. Al tratar de retroceder para salir, nuevo resbalón y quedamos a cinco centímetros de desbarrancarnos y caer encima de una casa. Pusimos piedras en las ruedas y con la ayuda de varios integrantes del equipo logramos salir. Llegamos al lugar, una población de pequeñas casas encaramadas en un terreno quebrado. Nuestra cuadrilla está integrada por gringos y chilenos, todos muy entusiastas. Algunos ya habían participado el año pasado. Como corresponde a los gringos, todos muy preparados y equipados con modernas herramientas. El grupo tiene un monitor del Techo para Chile, en este caso Enrique Fanta, estudiante universitario veterano en estas lides construyendo casas todos los fines de semana, con las manos encallecidas y el ánimo siempre arriba, listo para reirse, bromear, explicar y corregir los errores.
EL proceso consiste en preparar el terreno, cavar y hoyo para colocar un colocar un pilote y en base a ese poner once más, para lo cual hay que nivelarlos con una manguera con agua y cuadrarlos. El proceso no es fácil ya que los hoyos hay que hacerlos a punta de chuzos y palas, cortar los pilotes con unos serruchos de utilería y luego nivelar y afirmar todo. Por previsión de uno de los gringos contábamos con una herramienta especial para retirar la tierra de los hoyos, cosa que el año pasado se tuvo que hacer con unos tarritos. Una vez asentados y nivelados los pilotes se colocan una vigas que sostendrán la casa. Todo está explicado en un manual más la ayuda del monitor que es vital ya que no siempre se entiende o surgen problemas en los cuales la experiencia es lo primordial. Una vez listas las vigas que sostienen todo viene la parte más entretenida, para mi gusto, que es clavar el piso, porque participan todos ya que se coloca la tabla, se nivela, se clava en un extremos, luego se empuja con dos chuzos desde el centro y un extremo y a una orden seis personas clavan en ángulo y luego con la ayuda de la cabeza de otro clavo más grande se hunde para que calce para próxima tabla.
Una vez terminado el piso se levantas los tableros que constituirán los muros. Todo tiene que calzar, lo cual no es fácil ya que las maderas vienen chuecas, pero a punta de palancas y combazos la cosa va tomando forma. El primer día alcanzamos a dejar todos los muros listos, la viga madre instalada y la bandera chilena ondeando. Ahí nos enteramos que otros grupos recién estaban colocando los pilotes. Nos dio ánimo saber que éramos los más avanzados.
Quiero destacar la forma tan profesional en que los gringos se toman esto de ayudar. Todo tiene que quedar perfecto. No paran de trabajar y siempre están entusiasmados, no importa el cansancio, el calor o el hambre. Los chilenos nos damos más vueltas y tenemos menos conocimiento de todo. Al parecer ellos se preparan de antes, aunque tengo que decir que con las herramientas manuales, como los serruchos de utilería no son muy buenos, pero con taladros y sierras eléctricas son secos. La familia beneficiada, que en un primer momento observaba todo este movimiento con una mezcla de sorpresa e inmovilidad, luego atinaron y se pusieron a ayudar, especialmente Angelo, de doce años quien martilló, cargó, pintó con una energía admirable. La más chica, Estrella de Belén, de cuatro años, circulaba regaloneando y alegrándonos a todos.
El primer día nos fuimos a la cama agotados, acalambrados y machucados, pero felices. Tipo una y media de la madrugada nos dormimos. Al otro día antes de las nueve partimos. Subimos por otro camino menos riesgoso e iniciamos la tarea de aplomar la casa y colocar las vigas del techo. Las mujeres y niños mientras pintaban la casa ayudadas por la familia que ya comenzaba a ver algo que parecía casa. En cuanto tuvimos las vigas del techo listas comenzó la instalación eléctrica, el forrado del techo con un papel especial en lo cual mi hija Cony es la especialista porque, aparte de ser liviana, se mueve por arriba del techo como araña y clava bien y, por último, la colocación de las planchas de zinc. Fuimos a un almuerzo en comunidad con todas las cuadrillas en una escuela del sector, a pleno sol, un asado con ensaladas y helados de postre. Sin sobremesa ya que había que terminar. Regresamos con la guatita llena y a duras penas subiendo varias cuadras de tierra con buena pendiente.
Todos esperábamos impacientes concluir los detalles para inaugurar. Fuimos los primeros en terminar, gracias a la calidad del equipo, su afiatamiento y energía. Una vez terminada la instalación eléctrica se barrió la casa, se recogieron las herramientas, cascos, guantes, lentes de seguridad y muchos otros elementos que la empresa dona al Techo para Chile, para ser usados en otras construcciones. Todos reunidos, sin lamentar ningún accidente, solo cosas menores, procedimos a inaugurar la casita, emocionados escuchamos las palabras del Monitor del Techo para Chile, el Fanta, del jefe de cuadrilla, Sergio, de los dueños de casa y de algunos del equipo. Después de emocionados abrazos el retorno.
Quedan muchas enseñanzas. El karate sirve para estar en condiciones de hacer un esfuerzo de ese tipo y es muy entretenido compartir con un grupo tan heterogéneo unidos para entregar una ayuda.Estas casitas no son una solución, apenas una ayuda pero para la familia es mejorar sus condiciones de vida. Tienen que comprarla y ayudar a armarla para valorar lo que cuesta. El precio suele no ser barato para ellos, treinta mil pesos, que para muchos de nosotros es casi nada. El que se sientan apoyados ayuda mucho. Mientras trabajábamos pude conversar con todos los integrantes de la familia, conocer sus historias, sus proyectos. Por otro lado siempre aparece la falla humana, cosas que no llegan a tiempo, fallas logísticas que todos comentaban y que hacen que muchas personas después no quieran volver a ir, por ejemplo que no estaban los baños químicos a tiempo, que el bus dejó botada a una cuadrilla en la punta del cerro, y muchas cosas más que no le quitaron brillo al evento, solo al responsable o irresponsable, quien quiera que sea, Ravioli o Gnocci, no se.
Los que fuimos aprendimos mucho, nos sentimos unidos, nos conocimos un poco más, ayudamos en lo que se pudo y nos sentimos felices. ¿Qué más se puede pedir para un par de días de nuestra vida?
Escrito el 14 de Noviembre de 2007. Leído 4705 veces.
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